domingo, 28 de diciembre de 2008

Príncipe gay en busca de un novio


El 15 de enero, la televisión británica llegará a un punto bien alto de originalidad bizarra: ese día, la BBC emitirá el primero de cuatro capítulos de un programa –que se está terminando de filmar en estos días– en el que tres príncipes no occidentales intentarán, escondiendo su identidad y viviendo como mortales plebeyos, encontrar a su media naranja en la ciudad inglesa de Brighton. Los participantes son: el príncipe Remigius de Jaffna, de Sri Lanka, que dijo tener la esperanza de hallar a una señorita “tan elegante como Lady Di”; el príncipe de los zulúes de Sudáfrica, quien, con un sobrepeso notable, precisó sin vueltas que su objetivo será enamorar “a una mujer muy bonita, sin importar su personalidad”, y el príncipe indio Manvendra de Gujarat, que, a diferencia de sus compañeros, no seducirá a potenciales futuras princesas, porque en su corazón sólo hay lugar para príncipes azules como él. Resulta que Manvendra (43), miembro de una de las familias más ricas de su país, es gay, y el primer heredero real del mundo que se animó a salir del closet. Su historia, no exenta de tristezas y tempestades por haber admitido su condición, merece ser contada.

Hace seis años, Manvendra ingresó de urgencia, víctima de una feroz crisis de nervios, en un hospital de Rajpipla, la tierra de la que es regente, al oeste de la India. Acababa de divorciarse de una hermosa princesa y su psiquis había naufragado por sentir que le había destrozado el corazón a una muchacha tan noble de espíritu como de sangre y, sobre todo, por la advertencia que le hicieron sus padres: “Pronto, vas a tener que casarte con otra”. El secreto, que había sepultado adentro de sí desde la pubertad, bajo toneladas de pudor, miedo, y culpa, volvía a torturarlo. Necesitaba alguien que lo escuchara, un oído que lo aliviara. Y lo encontró en el terapeuta que lo trató en su larga internación. “Desde que crecí, siempre me sentí atraído por los hombres”, le confesó. Se sintió más libre.

Tiempo después, el profesional se lo contó a la familia de Manvendra, que recibió la noticia como una mecha prendida que había que evitar que llegara a la dinamita, es decir: absolutamente nadie tenía que saberlo. El honor nobiliario estaba en juego. Los muros de silencio de la familia fueron útiles por cuatro años. En 2006, Row Kawi, el único periodista indio gay confeso, lo convenció de dar el paso decisivo que le cambiaría la vida para siempre: confesar públicamente su homosexualidad. Así lo hizo en una entrevista que le concedió a Kawi, y que fue publicada en un diario local. “Supe que estaba preparado para enfrentar hasta la peor de la circunstancias”, cuenta ahora el príncipe.

¿Qué sucedió entonces? Justamente, lo peor. Fue desheredado, expulsado de su familia y recibió un monzón de condenas de sus compatriotas, que no podían digerir la revelación. En la India, la homosexualidad sigue siendo perseguida penalmente.

Manvendra ilustra hasta qué instancias llegó la reacción de su pueblo: “La gente cortaba mi foto del diario donde se publicó la entrevista y hacía hogueras. Me declararon persona muerta”. El tiempo, por suerte para el príncipe, fue luego decantando el horror de su padre, el rey Ragubir Gohil Singh, hasta transformarse en comprensión, al menos la suficiente para readmitir a su único hijo como integrante de la familia. Así, este príncipe, que fue criado en un mundo que de tan lujoso y protocolar rozaba la fantasía símil Siddharta –al tomar agua, dos sirvientes le acercaban la copa y salió solo a la calle por primera vez a los quince–, cerró, y bien, un capítulo de su vida marcado por el peso de un tabú, y abrió otro dedicado a la lucha por los derechos de las minorías sexuales.

Manvendra creó una fundación –Lakshya–, principalmente dedicada a la prevención del sida en parejas gays. Además, es miembro de la Red India de Minorías Sexuales y fundador de la Red de Acción por la Salud Sexual, también de ese país. Este año participó de la Marcha del Orgullo Gay europea en Estocolmo. Sólo le falta conocer el amor verdadero, que espera conseguir en el programa de la BBC. ¿Tendrá acento british? Se verá.

Santiago Casanello
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sábado, 27 de diciembre de 2008

Más fuerte que el Absenta


Ella me toca la pierna por debajo de la mesa, ¿sabrá lo que está haciendo? Es el Absenta pienso y sigo una conversación imposible –como toda conversación bajo los influjos de este alcohol tan potente– sobre si tal es gay o no lo es, ¿y a mí me qué me importa, por qué me meto? ¿cuál es el morbo que se despierta por saber si alguien es gay o no? La cuestión es que ella –ella que vino a esta cena a contarle a su amiga sobre un affaire que mantuvo en no sé qué provincia con un fan– insiste en tocarme la pierna, ahora ya no con su pierna sino con su mano. Sabe lo que está haciendo, me digo, sabe al menos que me está tocando; lo que no sabe ella –y yo tampoco– es hacia donde vamos con esa mano apoyada en mi pierna derecha.

Por las dudas pido otra vuelta de Absenta. Y ella me pregunta, seductora ¿vos te exiliaste con tu madre en México, Albertina? Me quedo un segundo muda, acabo de estrenar una película sobre mis dos padres desaparecidos, bueno, puede no haberla visto, incluso mejor si no la vio ¿pero de dónde saca esto de México? y me doy cuenta…¡Me confundió con otra directora de cine! ¡Genial! ¿qué hago? ¿me paro y me voy? Es muy linda, puedo perdonarle el desliz, y si vuelve a decir mi nombre con esa boca tendré más bellas razones para perdonarla. Me quedo, a esperar ese sonido otra vez.

Antes de eso –quizás para olvidar el equívoco, yo también tengo mi ego– le robo un beso que me es devuelto con otros labios, no son los mismos con los que habla, estos son más tiernos, están llenos temor y deseo, están llenos de algo que me da miedo. Siento una inquietud en el alma, como si hubiese cruzado un umbral peligroso, siento ganas de llorar o de agarrar el auto y manejar hasta estrellarme contra una pared. ¿Y si en lugar de volver a besarla la ahorco y esto se termina acá? No es para tanto, son solos unos besos y estamos borrachas, nada de lo que estoy sintiendo es demasiado real, por lo tanto no hay que temerle.

Finalmente la dejo en su casa, me despacha en la puerta, luego de besos y más besos y eso es todo. Adiós para siempre, no me pidió ni mi teléfono y yo no tengo el suyo, ya nos volveremos a cruzar, en el mismo bar, con los mismos amigos y nos sonrojaremos por lo que hicimos, puedo vivir con esto, los años me han encallecido y el alcohol me pone demasiado tierna, pensé esa noche mientras me dormía y lloraba sin saber por qué.

Nunca había tomado Absenta y nunca me había enamorado así. ¿Cómo reconocer la diferencia? Al día siguiente le cuento a un amigo mis dudas y me dice "no, esa bebida es tremenda, yo la única vez que la tomé, terminé teniendo una noche de sexo desenfrenado con un compañero de la primaria que era recontra straight" yo ni siquiera eso, pensé, solo una confusión absoluta. En ese mismo día, me llama otro amigo –uno de los que estaba en el bar la noche anterior– y me dice a modo de amenaza "mirá que ella no es una más de tus minas, a ella la vas a tener que cuidar" ¿qué me está diciendo? ¿qué soy yo, un monstruo? ¿qué acaso tengo alguna esperanza con ella? La mezcla de Rivotril y Absenta me está haciendo pésimo, debería volver a la cocaína, me dije, y eso hice, durante los días que no me llamó.



Luego viene la parte en que vivimos como en un comercial de J&B o en alguna película de Tarantino –que pensándolo bien se parecen mucho– entregando nuestro ánimo a la fiesta desenfrenada porque encontramos el amor, porque la vida cuando emociona tanto se parece un poco a la muerte. Y así, en ese estado de felicidad sobreactuada, llegamos a casarnos –a unirnos civilmente para hablar con corrección– en el mismo bar en que nos conocimos.

… Y nos fuimos caminando a Machu Pícchu, y recorrimos París, y me hizo abuela antes que madre, y me mandó a la mierda cuando me puse insoportable, y la amenacé con irme a vivir al campo cuando algo me dolió y me abrazó tan fuerte que no pude, y me dijo que tengo los dientes más lindos del mundo, y le dije que me gustaba tanto que la quería, y le rezamos a la luna y al mar y a nuestros muertos, y me embarazó en un telo. Y descubrí que le gusta correr a la mañana y comer sandía a la tarde y mirarme cuando duermo y cambiarle los pañales a nuestro hijo.

Y descubrí que mi fiesta inolvidable es mi vida con ella, la madre de mi hijo, la que trabaja más de lo que yo quisiese, la que me confundió con otra, la que me hizo ser otra, la que me hace bendecir al amor cada mañana.

Albertina Carri
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sábado, 20 de diciembre de 2008

El día que Mafalda se hizo torta


El otro día pensaba en los héroes y me di cuenta de que héroes eran los de antes. Mafalda fue una heroína. Mi papá me regaló el Toda Mafalda cuando me dio otitis y no pude ir con él un fin de semana. Mafalda vivía con su familia, odiaba la sopa y leía el diario. Algún día trabajaría en la ONU y hasta quizá se casaría con Felipe, pero no lo sabemos, los rumores dicen que él es muy mayor para ella y que sólo tienen una buena amistad. Sea como fuere, Mafalda no tendría hijos, eso lo haría Susanita, quién sabe si con Manolito. ¿Y Miguelito con Libertad? Mmm, yo creo que Libertad estaba enamorada de Mafalda.

Mafalda fue mi heroína porque era niña y hablaba un lenguaje de adultos, como yo que no sabía lo que era Vietnam pero estaba en contra de los EE.UU. Y si me relajo un poco, empujo la puerta y lo digo: mi primer amor fue Mafalda. Digamos la verdad, Mafalda no era linda, ese pelo incontrolable y esas patas cortas que nunca crecían, pero si lo pienso bien no puedo negar su encanto.

Quizás Mafalda era la posibilidad de enamorarse sin que nadie se entere. Era una época de largas caminatas de recreo de la mano de Eva, una época en la que cuando corríamos Eva siempre ganaba. Corría muy rápido, me atrapaba, la risa explotaba y las maestras nos retaban por tanto escándalo. No me gustaba faltar a clase, quizás los quince minutos del primer recreo junto a Eva justificaban una mala nota en matemáticas, ella cruzaba su brazo sobre mi hombro y le dábamos la vuelta al patio, esquivando el mástil, y hablando inagotables minutos. Tenía la sonrisa más grande del grado y el pelo siempre recogido. Eva tenía unos ojazos marrones y las pestañas más lindas y sensuales de todo el turno mañana; de un sólo parpadeo lograba hacerme feliz, si hasta me hubiera inmolado en la puerta de la dirección con tal de que me haga más ojitos. Me acuerdo que en verano usaba bermudas y unos zoquetes blancos cortitos y yo podía ver sus piernas largas y flacas. No eran como las de Mafalda, pero yo me contentaba con poder verla cerca mío. No sé si a Eva le gustaba Mafalda, pero a mí me gustaba Eva.

María Schwartzer
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La duquesa roja


Si se fue de este mundo con una sonrisa en la boca, algo habrá tenido que ver su último gesto: casarse en legítima ley con su amada secretaria durante 20 años. Fue una salida espectacular de la escena del mundo para la duquesa de Medina Sidonia, una mujer de estirpe noble y moral revolucionaria que supo alimentar generosamente a las revistas del corazón.

Doña Luisa Isabel Alvarez de Toledo y Maura, vigesimoprimera duquesa de Medina Sidonia, una aristócrata atípica y polémica, murió a los 72 años de una neumonía la última primavera andaluza, en su palacio ducal de Sanlúcar de Barrameda, Cádiz. Allí estuvieron todas las revistas del corazón, de chimentos, y también la prensa seria, que siempre estuvo atenta a su febril lucha y vaivenes políticos y sociales mientras vivió, con envidiable coherencia pero también contradicciones. Los medios masivos europeos, pendientes de las noblezas europeas como la revista Point de Vue, le dieron la tapa, destacando: “Toda su vida la duquesa de Medina Sidonia, la duquesa roja, reivindicó su anticonformismo: antifranquista, luego republicana durante el gobierno de Juan Carlos, termina sus días después de haberse casado con su secretaria”. Otros medios afirmaban: “La boda de la duquesa de Medina Sidonia en su lecho de muerte con su secretaria puede provocar una disputa legal con sus tres hijos”. Mientras todos se encargaban de subrayar el alto voltaje de nobleza de la protagonista: “Además de duquesa, era princesa de Montalbán, marquesa de Villafranca del Bierzo, marquesa de Los Vélez, consagrada tres veces Grande de España” afirmaba la revista Hola.

Todo lo que se esperaba de la reacción de los hijos de su primer matrimonio, a quienes casi no veía nunca, sucedió. Gabriel, el menor, confesó a Point de Vue: “Desde que supe que ella se casaría con su secretaria, en su lecho de muerte, me pareció que era típico de mi madre. No me sorprende, es como una pesadilla, ha tratado de despojar a sus tres hijos de su herencia”.

Una vez más, esta fumadora impenitente, de silueta frágil y mirada incisiva, decidió dar un último puntapié a la vida convencional. La duquesa, gracias a la ley española de 2005 que autoriza el matrimonio homosexual, pudo casarse en artículo mortis, con su secretaria y compañera desde hace 20 años, la alemana Liliana Dahlmann, de 53 años, con lo cual los trámites judiciales que inicien sus hijos durarán décadas, se supone.

Si esto es un escándalo de su vida privada, las rebeliones de su vida pública son similares. Según ella, su afán justiciero lo había heredado de don Antonio Maura, su bisabuelo, que fuera ministro de Alfonso XIII, y que renunciara en 1923, en protesta contra la llegada al poder de Primo de Rivera. De ese brote, la duquesa abrazó el antifranquismo declarado luego de un episodio que sacudió a la prensa europea y saltó a la notoriedad. Fue en enero de 1966, cuando ella trabajaba en la agencia France Press, y descubrió un documento secreto que revelaba que dos aviones militares norteamericanos habían entrado en colisión sobre la localidad de Palomares, cerca de Almería. Eso no era lo peor, sino que uno de esos aviones transportaba cuatro o cinco bombas termonucleares de l,5 megatones. Y más grave aún, 20 kilos de plutonio se habían desparramado contaminando las tierras. Mientras el generalísimo Franco, bajo las órdenes de Washington, trataba de esconder el affaire, Doña Luisa reveló el escándalo y organizó una manifestación de apoyo a los damnificados. Desde entonces, los campesinos del lugar la bautizaron “duquesa roja” y bajo ese designio escribió su primer libro, La Huelga, donde fustigó al poder franquista, y le costó un año de cárcel por injuria a la Guardia Civil y al jefe de Estado. El universo carcelario, a esta aristócrata con linaje desde el siglo XII, le provocó un shock brutal y antes de sufrir un segundo proceso se exilió en Francia, hasta el advenimiento de Juan Carlos, en 1976. Durante esos años balbuceantes de democracia siguió participando contra los agentes de la autoridad y en alguna turbulencia que le costó seis meses de libertad condicional, opta por canalizar su energía en un tema que la apasiona y tiene materia suficiente: la heráldica. Decide desde esos días hasta su muerte que se dedicará a la clasificación de incunables y los seis millones de documentos de su familia en su palacio de Sanlúcar, reconstruyendo la historia desde la Edad Media. Es allí donde estudia y hace un hallazgo insólito y lo proclama, algo que provoca otro escándalo mayor. Según ella, Cristóbal Colón no habría descubierto América, y en cambio, sí lo habían hecho marinos desconocidos oficialmente. Serían algunos marinos de origen moro, españoles y franceses en secretas incursiones. Algo más tranquila, en 1990, creó la fundación Casa Medina Sidonia con el fin de preservar los bienes más preciosos del palacio del siglo XVI y especialmente la valiosa biblioteca. Al mismo tiempo, su inquietud social la empuja a donar algunas de sus tierras a necesitados de la región, postura que le provoca furias familiares. Y en esos mismos días, otras furias oficiales luego de que, entrevistada por la Radio Cero, reafirmara su cariz republicano, al decir que el rey Juan Carlos era para ella nada más que “el señor Borbón, una figura decorativa, jefe de una monarquía bananera”.

En una pausa de tantas luchas, doña Luisa Isabel asiste en 1983 al casamiento de su hijo mayor, y allí conoce a la joven alemana Liliana Dahlmann. Hay un coup de foudre y se vuelven inseparables. Liliana se instala en Sanlúcar desde entonces hasta hoy, ejerciendo la función de curadora vitalicia de la Fundación Medina Sidonia. En abril de 2005, la duquesa había modificado el estatuto para que su compañera pudiera ser presidenta de la misma. El matrimonio in extremis consolida esa posición. Los hijos de la duquesa roja deberán tener paciencia, hasta que su viuda, que hoy tiene 53 años, desaparezca y puedan usufructuar de sus bienes. Hasta entonces no tendrán la propiedad, ni podrán beneficiarse por venderla ni compartirla. Por su lado, ya doña Luisa había explicado una vez: “A mis hijos siempre quise hacerles comprender dos cosas. Primero, que hay que ser honestos y vivir de su trabajo. Segundo, que poseer un título es peligroso pues se corre el riesgo de creer en un cuento de hadas”. Riesgo del que no puso a salvo a su amada Liliana, que, si no creía en príncipes azules, ahora bien puede confiar en el poder de las duquesas rojas.

Felisa Pinto
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Recordando tu expresión


Hermoso, elegante, ambiguo, sarcástico, vanguardista; Federico Moura fue todo eso y más: una estrella de rock que se maquillaba para salir a escena; un frontman capaz de poner al público a bailar cuando el resto de las bandas se plegaban al patrioterismo vacuo de la dictadura; un rebelde que se reía cuando pretendían insultarlo llamándolo puto pero que dejó en las letras de sus canciones esos guiños cómplices con la comunidad gay. El hombre que cumplió con la trágica paradoja de haber bautizado a su hija artística –la banda de rock que cambiaría la escena local en los años ’80– como Virus, para años después convertirse en la primera persona pública que murió a causa del virus del sida. A 20 años de su último acto, un recorrido emocionado por aquella superficie de placer que fueron su vida y su obra.

La figura de Federico Moura tendrá por siempre los elementos característicos de una estrella de rock. Hermoso, ambiguo, irónico, influencia innegable del llamado rock nacional, y por supuesto una muerte trágica que también es paradigma de la historia: la primera persona pública que muere de sida en Argentina. Todos elementos que juntos y perfectamente entrelazados hacen pensar más en una película que en algo que ocurrió de verdad. A 20 años de su muerte el legado de Federico no sólo es importante en cuanto a las innovaciones en el plano musical, sino también porque su figura se ha convertido en uno de los primeros iconos gays de importancia fundacional.

Así como la ciudad cuadrada que los vio nacer está atravesada por numerosas diagonales, la historia de Virus atraviesa décadas que marcaron al país y al mundo: dictadura, rock, desaparecidos, pop, la guerra de Malvinas, arte, homofobia, libertad, prejuicios, desprejuicios, discriminación y sida.

La aparición de este grupo dentro de la escena del rock nacional provocó toda una revolución. Nunca antes en la música vernácula se habían escuchado sonidos como los de la banda (con influencias de básicos pop como B52’s o Devo): se trataba de la primera banda moderna que sintonizaba el mismo canal de lo que estaba sucediendo fuera de la Argentina. Eran además los primeros en introducir el humor en el rock: se reían de sí mismos y del discurso del rockero. “Virus introduce la posibilidad de que el rockero no se tome en serio, no en esa situación de ‘rockero que se ríe de sí mismo’, sino que salía naturalmente, porque parecía que tenías que tener una canción pelotuda para reírte de vos mismo. Para mí es fundacional: cambió la manera de hacer rock”, dice Oscar Jalil, periodista e ideólogo de Tomo lo que encuentro. 19 versiones de Virus (2004), un disco donde bandas platenses grabaron versiones propias de canciones del grupo que los marcó. Fueron los primeros en llegar a las discotecas. Virus se podía bailar. Pero por sobre todo ninguna banda presentaba la estética ambigua de un frontman que no dudaba en jugar con la sexualidad desde sus letras, sus movimientos y su aspecto. Virus ponía en evidencia el sexo del rock: el rock era macho... y homofóbico. El ambiente del rock, en algún punto conservador, se vio sacudido de pronto por estos pibes de pelo corto, maquillados y con ropas extrañas. Ante la incomprensión de lo que veían, los rockers atacaron: son todos putos, decían.

El rock no estaba acostumbrado a estas canciones donde había cierta autoflagelación pero que a su vez manejaban la elegancia: eso era algo de Federico, algo que había en su forma de cantar, en su forma de moverse: una forma teatral, nerviosa, y una dicción muy marcada, exagerada. La relación del público con Virus y en particular con Federico, era de amor-odio: la gente los quería o los rechazaba con mucha fuerza. A la clásica dicotomía rockera duros-blandos, frívolos-de verdad se le agregaba esta arista sexual en la cual tácitamente se unía a la debilidad y a la supuesta falta de contenido (el no cantar sobre cosas “serias y comprometidas”) con la cuestión gay.

El aspecto y el despliegue escénico de Federico provocaba prejuicios no solo por parte de la prensa especializada, sino también del público y de algunos músicos. Se los atacaba por ser gays en obvia referencia a la homosexualidad de Federico. El era el líder, el que tenía más exposición, al que le hacían más entrevistas y el que aparecía más en la tele. Su imagen sexualizada pasó a ser la de la banda completa. Ojos delineados, hombreras, pantalones a cuadros, remeras ajustadas cortas, bien a la cintura, de terciopelo de cuadriculado blanco y negro. Muy a lo David Bowie circa Let’s Dance, el Bowie siempre ambiguo y juguetón con su sexualidad que ahora, además, se entregaba de lleno al pop bailable.

Famosa es la anécdota del festival Rock in Bali de 1987: antes de que Virus subiera al escenario Luca Prodan al terminar de tocar gritó: “Ahora viene la banda de los putos”. O el festival Prima Rock en la primavera de 1981 donde les tiraron con piedras y botellas. Los insultos y las escupidas eran frecuentes en los recitales de la banda. “Yo he estado con ellos en shows de la época en los que les han tirado naranjas y entonces Federico las agarraba y hacía jueguitos, se les cagaba de risa. Cuando estaba con ellos decíamos ‘ladran Sancho’, es decir les jodía pero les pasaba algo. Si a vos te jode la envidia del otro, te jode la tuya. Les gritaban putos y nosotros pensábamos y decíamos ¿qué les pasa con el puto que tienen adentro? Háganse cargo”, cuenta Alejandro Jalil, diseñador de la Marca New Order y amigo personal de los Moura. Quizá el rechazo tenía que ver también con eso ¿qué provocaría un hombre elegantemente hermoso y gay como Federico en la masa machistoide del rock local?

Si bien Federico nunca habló de su sexualidad algunos temas generaron una especie de contraseña con el ambiente gay. “Pronta Entrega” (del disco Locura, 1985) embellecía de una manera única el levante callejero: “Recordando tu expresión/ vuelvo a desear/ esas noches de calor/ llenas de ansiedad/ Sofocado por el sueño y la presión/ busco un cuerpo para amar”. Recordemos que en los primeros ‘80 el sexo en lugares públicos (baños, cines x, etc.) formaba parte de la cotidianidad del ser hombre gay y a su vez plasmaba una resistencia subterránea a la opresión brutal que se padecía. “Sin disfraz” (también de Locura) es la oda a la salida del closet a orillas del mar “A veces voy donde reina el mar/ es mi lugar llego sin disfraz/ por un minuto abandono el frac/ y me descubro en lo espiritual para amar.../ en taxi voy hotel Savoy y bailamos”. Estas letras, entre otras, perduran como guiños encantadores que forman parte de la historia. Como la tapa de Superficies de Placer, que con un diseño pop muy al estilo de la época, de colores estridentes, presenta también la imagen (dibujada) de un ambiguo culo azul y por debajo se imprime el sugerente título, toda una provocación. “Virus tenía eso, como una doble vida, y me parece que era muy difícil en los ‘80 reconocerse como gay, más allá de que estaba todo claro, además de introducir en una canción términos como taxi boy: fueron los primeros que hablaron de eso, los primeros en nombrarlo. Virus mostraba algo pero por debajo intentaba decir otro tipo de cosas e ir mucho más allá”, agrega Oscar Jalil.

En una entrevista con Clarín en 1985 Federico se preguntaba: “¿Qué es el gay rock? ¿Bowie? ¿Presley? ¿Jagger? Me parecen muy valiosos los movimientos de lucha con gente que se decide a defender los derechos de sectores aislados por necesidad. Pero Virus no hace una cosa lineal. No hay cotos porque a mí me interesa en la vida la integración. Jamás entraría en los campos del aislamiento, porque pretendo que nadie tenga que decir: ‘este es mi lado bueno, este es mi lado malo’”.

Una familia muy normal

Federico era el cuarto de un grupo de seis hermanos. Hijos de una familia platense de buena posición económica, su padre, Pico Moura, era un reconocido abogado; su madre, Velia Oliva, maestra y pianista aficionada. Todos los hermanos varones, incluido Federico, eran futboleros, hinchas de Estudiantes de La Plata y jugaban al rugby en el tradicional La Plata Rugby Club. Federico Moura formó su primera banda en la adolescencia: se llamó Dulcemenbriyo y arrancó en 1967. La ciudad de La Plata a fines de los ‘60 era un epicentro cultural y artístico, de arte joven, de gente joven. Una ciudad con algo que poco a poco se iba transformando en una tradición y que con el tiempo algunos catalogarían como movimiento. Era y es una ciudad con escuelas de arte, una ciudad universitaria con gente de todas partes del país y el intercambio era increíble. La música era el camino adoptado por cientos de jóvenes. Y cientos de bandas iban a crear un sello característico citadino que iba a hacer explosión con Virus. Se empezaban a formar grupos artísticos cada vez más complejos en los que no solo se trataba de hacer música.

Fiel a esta tradición Federico iba a construir su imagen y la de la banda atendiendo a todos los detalles, como una especie de visión “del todo” a lo Bowie, que armaba un concepto visual estético e ideológico que iba más allá de la música. Pero antes, y una vez disuelto ese primer grupo de juventud, viajó por Europa, Nueva York y Brasil (país que le encantaba y al cual siempre volvería) allí empezó a absorber nuevas ideas, nuevos sonidos, todo un bombardeo que lo marcaría en su camino artístico. Se instaló en Buenos Aires y abrió su primer local de ropa, llamado Limbo, donde diseñaba indumentaria. En 1977 volvió a viajar por el mundo y se instaló otra vez en Río de Janeiro. De regreso fundó su segundo local, Mambo. Al mismo tiempo, formó otro grupo, Las Violetas. Estaba instalado en Capital, y solamente volvía a La Plata por el grupo. Al vivir en Capital ese chico fino y elegante conquistó en seguida a ese mundo de “locos del tomate” que era el under porteño: Renata Schussheim, quien lo haría participar de sus performances, Jean François Casanova, quien actuaría en sus primeros shows, y Lorenzo Quinteros, que dirigió los videos Loco Coco y Soy moderno, no fumo.

En esa misma época, pleno 1977, su hermano Jorge, militante político, fue secuestrado y se encuentra desaparecido. Los Moura nunca hablaron públicamente sobre su hermano mayor y la noticia se dio a conocer poco tiempo después de la muerte de Federico.

La ciudad cuadrada

Todo ese movimiento cultural que había florecido en la ciudad de las diagonales fue serruchado por la dictadura. De la noche a la mañana todo quedó en la nada. “Eran tiempos nefastos de razzias en bares y boliches, tiroteos en las calles, muerte, paranoia. Vivíamos todo el tiempo en cana. Cada dos por tres te encontrabas con una situación de corte de pelo en la calle o más violentas. Te pegaban, te metían constantemente preso, habremos lavado muchas comisarías”, cuenta Pablo Tapia, actual cantante de 1000 Watts y voz líder de Marabunta, banda que se fusionaría con Las Violetas y daría como resultado a Virus. Continúa: “Entre razzia y razzia te fumabas unos porros y todos vivimos la persecución en Falcon y cuando se metían en tu casa diez monos todos encapuchados y cabeza contra el piso buscando hermanos, amigos, parientes. Fue una época muy densa con mucha muerte. Y de pendejos, muchos pendejos de entre 17 y 25, 30 años”. Los homosexuales de entonces veían cercenado cualquier intento de reivindicación o visibilidad. La solución era el exilio o en el caso de los más arriesgados los encuentros sexuales en lugares públicos. Quizás éste sea el macabro marco desde donde poder decir que más allá de la diversión y el baile Federico Moura representa, con el tiempo, una imagen de valentía al ponerse frente a un micrófono, vistiéndose como se vestía y cantando lo que cantaba. Dentro de la mal juzgada simpleza de sus letras era evidente una manera de ser que estaba ahí para el que la quisiera ver. Todo esto en un contexto que casi obligaba a la exclusión.

“De todo nos salvará este amor hasta del mal que haya en el placer.”

Wadu wadu fue el primer LP de la banda en 1981. Y la historia cambió. Aparecieron estos pibes con el pelo corto, pantalones ajustados y camisas de leopardo (toda una imagen revolucionaria) haciendo temas de dos minutos promedio. Lo seguirían Recrudece de 1982, en medio de ese “empujoncito” que la prohibición de la música en inglés durante la guerra de Malvinas le dio al rock. El tema emblemático era “El banquete” “Nos han invitado/ a un gran banquete.../ ...Han sacrificado jóvenes terneros/ para preparar una cena oficial,/ se ha autorizado un montón de dinero/ pero prometen un menú magistral”. Agujero interior (1983) fue el primer disco masivo de la banda y llegó con el fin de la dictadura. Después siguió el éxito con Relax (1984) con sonidos más tecno. Y la consagración fue Locura, de 1985.

No sólo en el rock and roll la historia empezaba a cambiar. Comenzaron los primeros pasos en el camino de la visibilidad; apareció la coordinadora de grupos gay en 1983 y los primeros boliches. Pero la policía seguía con las razzias llevándose a todo el mundo preso. La mentalidad opresiva no había cambiado.

Para grabar Superficies de Placer en 1987 Virus viajó a Río de Janeiro con familiares y amigos. Allí Federico sufrió una extraña neumonía que lo debilitó al extremo de dejarlo en cama durante dos semanas. Ante la insistencia de Marcelo, su hermano, y de su madre que había viajado hasta allí para pasar unas vacaciones con sus hijos, Federico fue al médico. Le aconsejaron hacerse un análisis de sida, una enfermedad descubierta hacía poco.

El resultado de aquel VIH dio positivo. Eran tiempos de discriminación violenta, tiempos de “plaga divina”, de “peste rosa”. La información que se manejaba en Argentina sobre la enfermedad era prácticamente nula. Los homosexuales eran señalados como los principales propagadores del virus. Era la chatura mental producto del desconocimiento y de años de una formación basada en la represión, la Iglesia, la incomunicación y el temor al otro. Y la homofobia que seguía estable sin importar cuál fuera el gobierno. Quizá por esto (quizá no) muchos periodistas que sabían que Federico tenía sida firmaron una especie de pacto de silencio, debido al escándalo que eso generaría en los medios. Pero alguien no cumplió, alguien quebró una promesa y la noticia corrió por todas las agencias del país.

Federico Moura murió de un paro cardiorrespiratorio el 21 de diciembre de 1988 en su casa de San Telmo. Su madre lo acompañó en su agonía.

Pese a lo que podemos imaginar, Federico quiso terminar su último disco con Virus en medio de un clima de desolación y de histeria reprimida por parte de sus familiares y amigos. Pablo Tapia recuerda esos momentos: “El se fue, se fueron a grabar Superficies de Placer si mal no recuerdo a Río. Yo soy arquitecto y me dijo: ‘Me voy por tres meses’. La idea era que le arreglara un departamento que se había comprado. Pero para mí él algo sabía. A mí me tiró un centro al despedirse, viste esas cosas como que ‘por última vez’ o una cosa así. Pero igual quería arreglar el departamento y se lo arreglé y mientras tanto hablábamos por teléfono. A los tres meses volvieron con el disco bajo el brazo a punto de editarse, y un día caminando por la calle eligiendo alfombras me lo dijo. Me lo dijo como quien dice ‘me compré una bicicleta’.

“–Tengo sida.

“–¿Cómo? –dije yo.

“A su vez el tema del sida era nuevo”, continúa. “Cada cosa en Virus es un cacho de historia. Y recién entonces se empezó a hablar del tema del AZT y otras cosas. Después vivió un año en ese departamento que yo le arreglé, y luego falleció. Fue una cosa muy fuerte y triste para todos.”

Pero lejos de ser sepultada con Federico la historia de Virus continúa fuerte hasta nuestros días. Con Marcelo como cantante (fue una insistencia de Federico) han grabado muchos discos más. No, este no es el final de la película; no, la historia no termina aquí. Muchos homenajes, tributos y reivindicaciones por parte de bandas actuales hablan de la importancia que tiene para la música actual el rock de Virus. Pero todavía hay muchas cosas de la banda y de sus inicios que hay que entender, rescatar y valorar. Todavía cuesta que se hable, no sólo de la homosexualidad de Federico, sino del valor simbólico e histórico que tiene un gay como líder de una banda en los primeros ‘80. Muchos fans de Virus. Muchos de los que reivindican la banda ahora –tanto público como bandas– y muchos historiadores del rock nacional insisten en que lo que importa es la música y el legado artístico, que Federico podía hacer lo que quisiera con su sexualidad ya que lo que trasciende es el arte. De eso no cabe duda. Pero es una mirada parcial, y que delata cierto prejuicio. Como si todavía hubiera un poco de miedo a reconocerse seguidor de “una banda gay”. Pero sucede que esta historia no es sólo rock and roll. Es mucho, mucho más.

Un espíritu vanguardista
Roberto Jacoby

A Federico lo conocí a principios de los ’70. Era un chico que había venido de La Plata, le gustaba el arte de vanguardia y frecuentaba el circuito que había sobrevivido al Instituto Di Tella. Nos hicimos amigos. Me acuerdo de que yo le compraba ropa porque él tenía un negocio con otro chico de La Plata que se llamaba Mario Lavalle, que también murió de sida. En los comienzos de Virus, Federico había hecho una serie de temas que no le gustaban del todo, y como estaba al tanto de que yo escribía, un día me llamó para que nos encontráramos. Entonces me dejó esas canciones que tenían letra, pero que no había grabado todavía, y que iban a formar parte de Wadu Wadu, para que yo les diera una mirada. Para ese momento, Federico ya tocaba en sótanos y lo hacía en plena dictadura, un año después de que uno de sus hermanos hubiera desaparecido. Yo armé algunas canciones nuevas en base al material que me había dejado y otras quedaron como estaban, y así se cocinó ese primer disco. Lo más interesante es que Federico generó un momento de música, de alegría, de baile, en medio de una de las situaciones más trágicas de la Argentina en la que bailar era casi una proeza. Wadu Wadu fue muy bien recibido, sobre todo entre la gente de la música, y fue muy inspirador para otros grupos. Pero eso no quitó que en un ambiente tan machista y cargado de testosterona como el rock lo miraran con recelo. De hecho, en un artículo que salió en la revista Humor, que era una revista que estaba supuestamente en contra de la dictadura, una periodista de rock señalaba, un tanto horrorizada, que el público iba a los shows de Virus con los labios pintados. A Federico le interesaba mucho la ambigüedad. No una definición claramente gay, sino la cosa más ambigua, aunque hay canciones como “Sin disfraz” en donde el chiste es muy directo (“en taxi voy Hotel Savoy” rima en un momento). También la tapa del disco Superficie de placer, en la que se ve un culo. Ese es el disco más ideológico de todos. Como también lo fue el show que hicimos en 1982, cuando arreciaba la guerra de Malvinas, y en el que Federico dio a conocer los temas del que iba a ser su segundo disco, Recrudece. Los violadores y Virus fueron los únicos grupos de rock que no se habían sumado a la euforia patriotera por Malvinas, de la que los demás grupos sí se habían contagiado sin darse del todo cuenta de que ésa era la euforia de los milicos. En algunas canciones de ese disco, Federico enfrentaba la situación de la guerra y la situación del rock ante la guerra, en un momento en que el rock era poco menos que la música oficial del país, ya que las radios tenían prohibido pasar música en otro idioma que no fuera el castellano. No por nada muchos temas de Virus estuvieron prohibidos. Y eso se debía, en gran medida, a la audacia de Federico, a su afán de hacer cosas que lo distinguieran del resto, a su espíritu vanguardista. Habitualmente se celebra de él su costado más cosmético, sus virtudes mariquitas, que haya sido el primero en maquillarse, el primer puto del rock argentino. Cuando en realidad él era un rockero en sentido estricto, un tipo que iba al frente y que era capaz de subirse al escenario y bancarse que los machos del público le tiraran latitas de cerveza. El verdadero rockero es el que rompe con todo. Y el rock sólo tiene sentido cuando es rebelde. Y él era un rebelde que no le daba tanta importancia al hecho de ser puto. Lo era y punto. Aunque serlo en la época en que afloró el sida no haya sido nada fácil.


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jueves, 4 de diciembre de 2008

Curioso caso de comportamiento homosexual en el reino animal


Aunque el comportamiento homosexual están bien documentado en numerosas especies animales, no deja de resultar curiosa esta noticia que nos llega de un zoológico chino. Una pareja de pingüinos gays macho, ante la imposibilidad de ser padres biológicos, ha intentado en varias ocasiones robar huevos a otras parejas mixtas de pingüinos de su mismo grupo.

La pareja intentaba disimular sus robos sustituyendo los huevos por piedras, pero los otros pingüinos detectaron el engaño y decidieron segregarlos del grupo.

Según explican sus cuidadores, independientemente de que constituyan parejas del mismo sexo, los pingüinos macho sienten un fuerte instinto de cuidar de su prole, lo que explicaría su conducta. Los cuidadores han decidido separar momentáneamente a la pareja del resto del grupo, mientras dura la temporada de incubación, para evitar mayores problemas.

La historia nos recuerda a aquella que sucedió hace pocos años en Alemania, cuando los cuidadores de otro zoo se empeñaron en separar a una pareja de pingüinos macho y forzar su apareamiento con hembras especialmente traídas desde Suecia para la ocasión. El proyecto, además de despertar ciertas protestas, fue abandonado ante la falta de interés de los pingüinos por sus compañeras del otro sexo.

Beijing - (Dos manzanas)
©2008 SentidoG.com

El Vaticano choca con la UE por el tema de la homosexualidad


Una polémica mundial provocó ayer la noticia de que el Vaticano se opondrá a un proyecto que prevé la "despenalización universal de la homosexualidad".

Se trata de una resolución que ya ha sido firmada por los 27 países miembros de la Unión Europea (UE), que el 10 de este mes, durante el 60° aniversario de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, Francia (presidente de turno del bloque) presentará ante la ONU.

En una entrevista con la agencia religiosa I-Media, el arzobispo Celestino Migliore, observador permanente de la Santa Sede en las Naciones Unidas, rechazó sin medias tintas el proyecto francés. Una "declaración política de ese tipo creará implacables discriminaciones", denunció Migliore, que destacó que "los Estados que no reconocen la unión entre personas del mismo sexo como «matrimonio» serán puestos en el banquillo y serán objeto de presiones".

"Todo lo que respeta y defiende a las personas forma parte de nuestro patrimonio espiritual y humano" y el "catecismo de la Iglesia Católica dice, desde hace tiempo, que hay que evitar toda marca de injusta discriminación contra las personas homosexuales", dijo Migliore. Sin embargo, añadió que el proyecto que prepara Francia "pedirá a los Estados y a los organismos internacionales de control de los derechos humanos que agreguen nuevas categorías [de personas] protegidas, sin tener en cuenta que, al adoptarlas, crearán nuevas discriminaciones".

Las declaraciones de Migliore, que también tachó de "indigna barbarie" la inclusión del aborto entre los derechos universales del hombre, crearon inmediata controversia.

Si bien por un lado resultó lógico el veto del Vaticano a la apertura de la ONU en cuanto al aborto, su rotundo no a la despenalización de la homosexualidad provocó gran sorpresa y durísimas reacciones tanto de asociaciones gays como de organismos que defienden los derechos humanos.

Estos, indignados, recordaron que las relaciones entre personas del mismo sexo son ilegales en más de 80 países del mundo y en una decena de países islámicos hasta son castigadas con la pena de muerte (como Arabia Saudita, Irán, Emiratos Arabes Unidos, Yemen, Nigeria, etc.) o con durísimas penas corporales.

Decenas de críticas cayeron sobre el Vaticano -evidentemente preocupado por un futuro reconocimiento universal de los matrimonios gays-, que fue acusado de tener una posición "cínica e inhumana" y de "ofender al cristianismo que representa".

Tal fue el revuelo que el padre Federico Lombardi, vocero de la Santa Sede, se vio obligado a intentar calmar las aguas. "Nadie quiere defender la pena de muerte para los homosexuales como alguien quiere hacer creer", subrayó el sacerdote, que de todos modos respaldó la postura de Migliore y destacó que la Santa Sede no es la única en contra de la iniciativa, ya que, como ella, se han manifestado más de 150 países.

"Una contradicción"

Pero las críticas no se acallaron. Vito Mancuso, profesor de Teología de la Facultad de Filosofía de la Universidad San Raffaele, de Milán, consideró "una contradicción" la postura de la Santa Sede en contra de la despenalización de la homosexualidad. "Es incoherente con toda la defensa de la sacralidad de la vida humana en la que está comprometida la Iglesia. Hay una fuertísima discontinuidad entre esta postura y la defensa de los embriones o de las personas en estado vegetativo", dijo en una entrevista con el Corriere della Sera . "Se quiere evitar la condena penal y la Iglesia ¿qué hace? ¡Se opone! No se elige ser homosexual, se nace homosexual. Se defiende a los embriones, pero no a millones de personas que hasta arriesgan la vida. Me parece una señal preocupante", agregó.

Desde París, en tanto, el gobierno defendió ayer su propuesta, que será presentada en Nueva York por Rama Yade, responsable de Derechos Humanos. "La iniciativa de Francia se basa en textos ya existentes, y la idea no es crear nuevos derechos, sino hacer la despenalización [de la homosexualidad] posible", afirmó Eric Chevallier, vocero de la cancillería.

En tanto, en declaraciones al diario La Repubblica, Jack Lang, ministro de Cultura de la era de François Mitterrand, no dudó en considerar la negativa del Vaticano una posición "arcaica y reaccionaria que aleja aún más a la Iglesia de los jóvenes". Otro artículo del mismo diario de centroizquierda consideró directamente "una vergüenza" la postura vaticana, que, según opinó, induce a pensar que "la persona, según el representante de la Santa Sede, viene de todos modos después de la moral y después de la familia".

El diario turinés La Stampa opinó en forma parecida en su editorial y definió como "grotesco" el motivo dado por el Vaticano para oponerse a la resolución.

"El problema que le interesa a la Iglesia no es el derrumbamiento efectivo de la discriminación a través de la ley -escribió-, sino la situación [de estar en el banquillo] en la que se encontrarían los Estados que practican hoy leyes punitivas en contra de los homosexuales o que toleran a las personas homosexuales sin reconocer plenamente sus derechos."

Irán mantiene la pena de muerte

TEHERAN (ANSA). Irán mantendrá la pena de muerte para los homosexuales, sobre la base de la ley islámica, pese al documento que analizarán las Naciones Unidas sobre la despenalización de la homosexualidad, una iniciativa que fue rechazada por el Vaticano. Mohammad-Taqi Rahbar, de la Comisión de Justicia del Parlamento iraní, afirmó ayer que, sobre la base de la ley islámica "y las leyes divinas, en Irán la homosexualidad es considerada odiosa e inaceptable", por lo que se mantendrá la pena capital en estos casos. "Los extranjeros pueden decir lo que quieran, pero nosotros seguiremos nuestro camino, porque lo que hacemos sirve para prevenir la corrupción", añadió Rahbar.

Elisabetta Piqué
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sábado, 29 de noviembre de 2008

Cambiando el viejo cuento


¿Si Pulgarcito hubiera sido criado por dos mamás y Cenicienta por dos papás, la historia hubiera sido otra? Desde España, la escritora Lucía Moreno Velo y el escritor e ilustrador Javier Termenón están seguros de que sí, por eso se decidieron a enfrentar el desafío de escribir literatura infantil en clave queer, una apuesta fuerte a que es posible batallar contra los prejuicios y la discriminación desde la cuna.

Manu tiene ojos grandes, curiosos y empecinados. Desde la página tres lo veremos estirarse en puntas de pie para agarrar un tentador frasco de galletitas, a pesar de la infinidad de veces que su Mamá y su Mami le han dicho Manu ¡No!, tal el título de uno de los tres libros de la serie que se completa con Manu se va a la cama y Manu pone la mesa, escritos por Lucía Moreno Velo e ilustrados por Javier Termenón, para la editorial española Topka. Pequeños y coloridos, hechos a imagen y semejanza de sus destinatarios, dan cuenta de las fantasías y ocupaciones de los chicos de entre 0 a 4 años: los primeros pasos, la primera comida solos y el miedo a la oscuridad. Entonces ¿qué los diferencia de cualquiera de los títulos que podemos encontrar en la sección infantil de las librerías locales? Justamente el apostar a lo diferente, contando la primera infancia en clave queer.

“A mi mujer y a mí nos encanta leer, es nuestro único vicio. Cuando tuvimos nuestro primer hijo, nos lanzamos a las librerías buscando libros infantiles que reflejaran nuestra familia”, comenta Lucía. Pero se encontraron con un problema “Había muy pocos libros que mostraran niños con dos madres y los que había se centraban todos en ese hecho. Nos dimos cuenta de que intentaban explicar la homoparentalidad y dejar bien claro que tener dos madres es tan bueno como tener un padre y una madre. ¡Pero nuestro hijo ya lo sabía porque lo vivía y sabía que estaba bueno!, así que decidimos no leérselos”. Una vez más, un intento de inclusión determinaba la discriminación puesto que, si hacía falta legitimar a esas dos mamás para igualarlas con una mamá y un papá, ¿no se estaba partiendo de la base de que era una situación anormal?, ¿o hay acaso libros que digan que tener una familia heteroparental es tan bueno como cualquier otra? Así nació la serie sobre Manu a mediados del 2006 y, con ella, un nuevo desafío: encontrar editorial que la publicara. “Me sorprendió saber que a los editores les gustaba la historia pero no la querían publicar pues sostenían que no había mercado, ¡yo y mi familia pertenecíamos a ese mercado!”. Con una entrada de dinero inesperada y el asesoramiento de un sistema gubernamental para microemprendedores, Lucía dio a luz no sólo a Manu sino a la editorial Topka (www.topka.es), especializada en publicar libros infantiles bilingües en los que los protagonistas son miembros de minorías.

A Manu, su Mami y su Mamá, había que darles un rostro, una sonrisa, gestos, fundamentales en la literatura infantil a la hora de hacer atractiva la propuesta a los más chicos.

En busca de ilustradores entonces, Lucía dejó un aviso en la librería queer madrileña Berkana, al que respondió el pincel providencial de Javier Termenón. “Yo venía de ganar el primer concurso internacional de cuentos infantiles con temática g.l.t.b., que con el apoyo de ILGA (siglas en inglés de la Liga Internacional Gay y Lesbiana) y de la asociación Eraseunavez.com, me había permitido publicar Vengo, un cuento que recoge las aventuras de una niña con dos mamás que se pregunta de dónde vienen los niños. Mi idea era crear referencias culturales claras de la realidad homosexual cotidiana, en el mundo de la literatura infantil, libros que a mí me hubieran gustado encontrar en los estantes cuando niño. Y me encontré con el trabajo de Lucía, quedé fascinado y honrado de que me eligiera para ilustrarlos.”

La admiración fue mutua y desde allí conformaron una dupla creativa inseparable (“Es un amor platónico”, aclara Lucía y ríe) que llevó adelante la serie de Manu y puso en papel un antiguo sueño de Lucía, un texto que surgió mucho tiempo antes de que supiera que iba a terminar siendo mamá, una madrugada sofocante de verano madrileño, y que llamó El amor de todos los colores, donde Maite, una niña con dos mamás, espera la llegada de un hermanitx.

“Puedo decir que El amor nació mío pero terminó Javier aportando tanto o más que yo”, asegura Lucía. “Te pongo un ejemplo concreto: cuando escribí la historia, no tenía claro si el hermano de esta niña iba a ser el hijo biológico de una de las madres o si lo iban a adoptar. Cuando Javier me mandó las ilustraciones terminadas y vi que una de las madres estaba embarazada, me sentí sorprendida y entusiasmada, Javier la había sentido así y fue como si me acabara de contar un cuento nuevo.”

La maquinaria estaba en marcha, pero todavía faltaba el veredicto del público. “Yo no tenía dudas de que los libros fueran a tener una buena acogida y así fue, tanto entre las asociaciones g.l.t.b., como entre el público, bibliotecas, librerías, escuelas y la misma prensa. Sabemos que ciertas personas siempre se van a rasgar las vestiduras cuando sale un libro que normaliza la diferencia, pero a esas personas ya las hemos dado por perdidas”, contesta Lucía y Javier agrega: “Me crea un poco de conflicto cuando la gente se acerca y dice que conoce a una pareja de chicas, a un matrimonio de gays o a algún padre o madre abiertamente homosexual y que el libro le va a encantar... Estas parejas no son los destinatarios prioritarios de estos libros, pues ya viven la maternidad o paternidad gay al igual que sus niños. Es cierto que son necesarios referentes culturales claros y limpios de prejuicios sobre la homosexualidad, pero más que nada para los chicos de padres hetero, e incluso, para ellos mismos”.

Aunque la historia de Manu fue la primera, el catálogo de la editorial se fue poblando y hoy cuenta con una decena de títulos, todos ellos con un punto en común: la diferencia. Así se suman páginas pobladas de niños inmigrantes, con capacidades diferentes y provenientes de familias ensambladas, que gracias al comercio online, ocupan un lugar en las bibliotecas de familias a un lado y otro del océano, desde el DF mexicano a Helsinki. Pero el gusto también se lo dieron en casa: mientras Lucía y su compañera esperan la llegada de una nuevx niñx adoptada, y Julián se recuesta sobre el tablero para continuar dibujando, ya cinco mil chicos de escuelas públicas de Castilla León, gracias a un convenio con la Junta comunal, se divierten con las aventuras diversas, y aprenden que el amor no es sólo rojo, se puede pintar de todos los colores.

Carolina Ortega
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sábado, 22 de noviembre de 2008

Salgamos juntos


Aunque parezca más sencillo que nunca, el closet sigue siendo un espacio oscuro muy difícil de franquear, sobre todo para aquellas personas que no cuentan con el respaldo del marketing y de la última moda. Acaba de aparecer el cuadernillo Salí del closet. Guía de recursos para lesbianas, gays, trans y bisexuales. Si bien no hay fórmulas, una guía es necesaria y bienvenida.

“Las familias y las escuelas aun son los principales espacios donde se nos enseña a avergonzarnos de nuestros deseos, y a disciplinar, negar o castigar nuestros cuerpos. En la oscuridad del closet, nuestras familias no nos protegen o contienen ante las agresiones homo/lesbo/transfóbicas, sino que muchas veces también son lugares hostiles para nosotrxs. En las escuelas el bullying, la discriminación y la violencia entre compañerxs muchas veces es omitida e incluso legitimada por la comunidad educativa.” Con estas palabras se presentó el martes pasado en el Colegio Nacional de Buenos Aires, el cuadernillo titulado Salí del closet, trabajo claramente destinado a jóvenes no sólo gays, lesbianas, transexuales y bisexuales sino también a sus amigos, compañeros y familiares heterosexuales. La ignorancia acerca de muchas cuestiones básicas es lo que lleva al sufrimiento, a la autoexclusión y a justificar actitudes discriminatorias como parte de “lo normal”. En este sentido, la primera parte del cuadernillo procura familiarizar a lxs lectorxs con conceptos básicos sobre orientación sexual e identidad de género, tan ausente en la educación sexual en las escuelas.

Entenderse y aceptarse también se logra comprendiendo y utilizando un lenguaje común. En esta sección se destaca un apartado donde se desmantelan ciertos mitos y mentiras muy comunes como que “niños y niñas no deben ser expuestos a las expresiones de la diversidad porque puede confundirlos”, “que la homosexualidad está bien siempre y cuando se viva entre cuatro paredes”, “que la homosexualidad en la adolescencia es sólo una etapa pasajera”. Es decir, frases escuchadas una y mil veces pero ahora con argumentos que las demuelen.

La segunda sección apunta directamente a susurrar al oído de quien aún no se atreve, consejos, reparos, advertencias que tienden a dar coraje y también a comprender el propio temor. Para quien no cuenta con una voz amable que quite dramatismo a la situación, las palabras de este texto intentan paliar esa ausencia.

La emotiva carta que se reproduce a modo de introducción y que pertenece a Carlos Jáuregui – uno de los legendarios fundadores de la Cha y autor de La homosexualidad en la Argentina (1987) – tiene plena vigencia aun hoy, no es grato decirlo. Empieza así: "Nosotros no creemos que los gays y las lesbianas tengamos un derecho a callar que somos gays y lesbianas. Fuiste forzado a callar desde chico y seguís haciéndolo. Ya es tiempo de que planees otra cosa". El cuadernillo está disponible en www.cha.org.ar

Dante Almada
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El otro sin vos


¡Ya no hay más hombres!”, gritan las mujeres. “Las minas son todas unas histéricas”, se quejan los hombres. “¡Yo no me siento un puto común, como el resto de los putos que son todos huecos!”, decreta un puto. “No me gusta la torta masculina, marimacho… quiero una mujer como yo… femenina”, se le escucha decir a una tortillera.

¿Por qué no aparece lo que estamos buscando? ¿Estaremos buscando con ganas de encontrar? ¿O es simplemente un relojeo frívolo que nos sirve como excusa para seguir justificando nuestra soledad?

El complejo de inferioridad que produce la modernidad, la incertidumbre de tener que ubicarnos en algo que no somos, nos lleva a la deshumanización y a la despersonalización. Los tics y las costumbres que hemos adoptado últimamente para parecer mejores hacen que estemos ajenos a nuestro ser, a nosotros, a nuestro carozo. Me tiene aburrido el discurso de la mayoría de la gente que balbucea sin ganas que es mejor estar solo que mal acompañado. Refuto, contraataco y contradigo esa afirmación absurda. Voto por estar mal acompañado a estar solo. No hablo de estar en soledad, estar en soledad es en cierta forma estar en paz… es reconfortante. Hablo de estar solo, solito y tu alma… solísimo… vos y vos sin vos… un puntito perdido. Es espantoso. Angustiante. Desesperante.

Casi como viendo nuestra imagen en una pantalla gigante diciéndonos a nosotros mismos que para estar mal con alguien prefiero no estar, seguimos estando solos. Es increíble cómo el miedo a acercarse al otro es mayor al miedo de permanecer solitos. También es increíble que sigamos buscando a esta altura de la soirée al príncipe azul y a la Cenicienta. ¿Todavía no quedó claro que no hay ni príncipes azules ni cenicientas? ¿Qué es una relación ideal? Mientras tratamos de encontrar a una persona física, tangible y concreta flotando dentro de esa utopía abstracta, pasan los días y estamos solitos.

Escribo sobre esto porque ayer celebré el cumpleaños de una amiga en mi casa. Mi amiga cumplió 55 años y fuimos un grupo de amigas y maricones a comer afuera. Para después de comer tenía enfriándose en la heladera unas botellas de champagne y una torta con la triste vela que resume la gran cantidad de años que alguien está por cumplir (esa velita es patética, es como que ya damos por sentado que no lo queremos al otro lo suficiente como para plantar 55 velas en un bizcochuelo o que no le van a darlos pulmones porque ya está viejo). Llegamos a casa, descorchamos el champagne, el corcho voló, alguna se ilusionó con casarse, hubo gritos histéricos, risas de hiena, y no faltó el seudodiscjockey que se animó a animar la triste reunión de nosotros doce.

Se escuchaban quejas y reclamos. Se escuchaban conjugaciones gramaticales rarísimas como por ejemplo: “¡Mirá lo que sería tener a George Clooney acá con un ramo de rosas, que te lleve a comer y después a un hotel divino y pasar la noche con él!”, gritó una. “Dónde hay un hombre…”, gritaba la otra. Raffaella seguía a garganta viva. Las chicas y las maricas fumaban compulsivamente. Humo, Raffaella, huecos, vergas, cenicientas y príncipes azules… Sentí la pata de elefante en el pecho, pedí disculpas y subí a mi cuarto. A las dos o tres horas subió mi novio a preguntarme qué me había pasado. Le conté. Nos fuimos a dormir.

Al día siguiente escuché un gorrión, abrí los ojos y estaba el cielorraso. Me acordé de la noche anterior, del circo romano, de la cantinela de los solos, de la euforia, de Raffaella y sus gritos y de la eterna justificación de por qué no estoy con alguien. De pronto sentí frío, sentí el enojo de mis amigas, escuché el portazo de cuando se habían ido. De pronto empecé a recomponer el rompecabezas. De pronto me acordé de que otra vez , s e gún ellas y mis amigas maricas, yo había estado como el orto y fuera de lugar. Yo, el mismo agresivo de siempre. Yo, q u e e n un momento antes de sentir la pata de elefante me había parado en el medio del living y había dicho “¡Déjense de joder con ese discurso barato de porteño hiperpsicoanalizado. Hay machos, hay minas y hay putos. Enfrenten su pánico a que les vaya como el orto en una relación y su pánico a sufrir. Acepten que sólo conciben una relación si ‘dura’ lo suficiente como para que sus cabecitas reconozcan que fue una relación. Chicas, una relación puede ser encamarse hoy, amanecer mañana, almorzar y estar dos semanas juntos… y ya tuviste un novio… y fue tu novio… Tal vez no el que querías, tal vez no el príncipe azul. Pero te garchó, hubo ansiedad, adrenalina, esperanza, desilusión, llamaditos, no me… Y eso ya es una relación, es vivir. Me tienen las pelotas llenas, están muertas en vida. Me voy a dormir”.

Eso fue el jueves. Hoy viernes a las 6 de la tarde, escribiendo esta contratapa, sostengo que hay un miedo al cual no le estamos prestando demasiada atención. Es el miedo a que nos vaya bien en una relación. Es el miedo a coger. Es el miedo a las diferencias del otro, a su aliento, a su vida, a su historia, a sus manías. Una relación pasional, una unión sexual y afectiva no se logra luego de una construcción mental, no sucede después de las reglas aparentemente sensatas que propone nuestra vergonzosa omnipotencia. Creo que no. Creo que una relación, una pasión, aparece y sucede cuando no tenemos miedo y estamos abiertos… y aquí me preguntarán: ¿y cómo se hace para no tener miedo?

No sé cómo se hace pero te puedo explicar lo que yo siento. Siento miedo a estar solo. Siento ganas de coger, de tener mariposas en el estómago, de enfermar juntos de lo que sea… de pasión, de pestes… Tengo miedo de seguir sosteniendo mi vida solito y de no tener la valentía de que otro me la pueda llegar a robar, tengo ganas de que el otro me robe la vida, tengo ganas de dejar de ir a comer con un amigo como le había prometido, de cagarlo, de fallarle, de mentirle porque el amor que siento por él me tira de las tripas. Y si mi amigo no me entiende que se vaya a la mierda. Resumiendo: tengo pánico de tener miedo, el miedo que no tienen los solitos… a estar solitos.

La histeria, la obsesión por estar sanos, por no dejarnos invadir, hace que muchos estén solitos. Enfermate de una vez, apestate. Que te traguen la vida de un bocado y perdete en la inmensa oscuridad del otro. Ese miedo, ese vértigo, esa caída libre, se llama permitirte enamorarte.

Fernando Peña
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domingo, 16 de noviembre de 2008

Ninguna víctima


La historia de Herculine Barbin, una intersex que este año habría cumplido los 170, marca una fecha en el calendario queer: el día mundial de la solidaridad con los intersexuales. Aquí, en primera persona, unas cuantas razones para despreciar la solidaridad de los unos y no resignarse a ser por siempre los otros.

El 8 de noviembre pasado, Herculine Barbin cumplió 170 años. Cayó sábado: una bendición o una maldición, según se mire. A veces parece que es lo mejor que podría suceder, todo el mundo sale y... ¿a dónde va? A la fiesta de cumpleaños. Otras veces, en cambio, parece lo peor que podría ocurrir (cumplir años en uno de esos sábados en los que coinciden fiestas, estrenos, casamientos, marchas, vacaciones, aniversarios y una tormenta, uno de esos en los que todos llaman, todos saludan, todos quieren, pero, por desgracia, nadie puede). El sábado pasado, por ejemplo, el cumpleaños de Herculine cayó justo, justo, en el día mundial de la solidaridad con los intersexuales.

Uno podría pensar que en 170 años a Herculine le pasaron demasiadas cosas como para preocuparse –¡a esta altura de la vida!– por una que otra coincidencia más y uno que otro invitado menos. Lo del nombre, pongamos el caso. Al nacer, en 1838, le pusieron Adelaïde Herculine, pero, ¿cómo le decían? Alexina (tal vez porque en la Francia del siglo XIX la gente no sabía lo que sabemos ahora, y es que debe haber un solo nombre verdadero por persona). Más tarde, en la vida le cambiarían el nombre a Abel pero, en fin, ¿cómo le decimos? Herculine. Se pasó la vida entre monjas –primero como alumna y después como profesora– y, como se da por lo general en estos casos, enamoró a varias mujeres y se enamoró de una. El escándalo de su sexualidad desviada y del portento entre sus piernas expusieron a Herculine al azoramiento de un cura primero y a la exploración y el diagnóstico de un médico después; a una orden judicial más tarde y por último, al exilio: al exilio de su profesión, de las monjas y de su colegio, del pueblo y de la casa, de la cama que compartía con Sara, del sexo femenino y de todos sus nombres. En ese exilio masculino trabajó, escribió un diario y se suicidó a los veintinueve años.

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Los regalos son la parte más complicada de los cumpleaños. Acertar es difícil, si es uno el que regala; pero lo más difícil de todo es ser el regalado (y lidiar, una y todas las veces, con la oportunidad para el disgusto inexpresable que entraña cada regalo). Las oportunidades aumentan cuando el cumpleaños coincide, lamentablemente, con la celebración de algún otro acontecimiento, y los invitados le caen a uno con mazamorra o escarapelas para el 25 de Mayo, con un reno de peluche para Navidad, con nada para el Día del Padre (porque el homenajeado principal es otro), con un solo regalo para el Día del Amigo, con un conejo de chocolate para Pascuas, con una salida al campo para toda la familia porque el cumpleaños cayó un fin de semana largo. O le caen ese día a la fiesta con poca o mucha solidaridad en bandeja exclamando, desde la puerta misma: “¡Feliz cumpleaños, feliz cumpleaños!”.

La idea es buena. Buenísima. Concentrar en un día particular la atención del mundo no intersexual en la suerte histórica de los intersexuales, poner a ese mundo a trabajar, solidariamente, ese día, en el análisis y la reversión de ese destino. La idea es buena, pero la solidaridad, en serio, es un problema. También el día. Ni qué hablar del mundo no intersexual, ni de los intersexuales. La bondad de la idea es el problema.

Empecemos por los intersexuales. ¿Quiénes son? Cualquiera que haya nacido con un cuerpo sexuado distinto al promedio femenino o masculino, y en particular quienes fueron sometidos a intervenciones médicas para corregirlo, y quienes han sido y son violentados por el maltrato familiar, social e institucional de esa distinción. ¿Dónde están? En todas partes. ¿Cómo se los reconoce? No se los reconoce, pasan inadvertidos entre la gente porque son esa gente: la vecina heterosexual, el cura dando misa, el gay de la mano con su unido civilmente, la lesbiana en la escalera de la facultad, el portero bisexual, la travesti que toma un taxi con dos amigas, el transexual que atiende el quiosco, la abuela, el tío, la ahijada, la prima, el conocido del bar, la cuñada de alguien. Cualquier persona pudo haber nacido con un clítoris “muy” largo o un pene “muy” corto, con testículos que no descendieron, o con ovotestes, sin vagina, con el agujerito para orinar al costado o en la base del pene, con cromosomas XXY o XO, con alguno de los múltiples cuerpos sexuados que la medicina nombró primero en la lengua de los “síndromes” y que ahora nombra en la de los “trastornos”. Aquellos a quienes se llama los intersexuales somos por lo general hombres o mujeres que encarnamos una diferencia entre tantas: en nosotros, el género masculino o femenino se inscribió literalmente y con violencia, a través de procedimientos que buscaban convertirnos carnalmente en hombres y mujeres iguales a los demás.

Entre el mundo no intersexual y la “comunidad de los intersexuales” no existe ni una distinción de sexo, ni una distinción de género: ninguno se predica necesariamente de configuración alguna del cuerpo. Menos aún existe entre ambos una distinción en el orden de las posibilidades existenciales (la posibilidad de elegir libremente un cuerpo y un destino sigue siendo una utopía trabajosa para todos, intersexuales o no). No existe entre ambos una distinción numérica: sólo la fantasía de que hay personas con un solo sexo puede sostener esa otra fantasía, la de personas con dos. Los así llamados intersexuales no somos otra especie humana sino la encarnación de la diferencia sexual como pesadilla humana. Imaginemos que vivimos en un mundo donde se asume que todos somos hombres o mujeres con cuerpos sexuados promedio. Ahora imaginemos que vivimos en uno donde todos debemos serlo. Imaginémonos.

***

Dos peligros acechan por igual al activismo político intersex. Uno, la remedicalización intensiva de la intersexualidad, codificada desde el año 2006 como conjunto de “trastornos del desarrollo sexual”. Otro, la persistencia del recurso a la víctima como estrategia ética y política. Ambos peligros nos amenazan al mismo tiempo, forman parte de un mismo presente, a la vez antiguo y por venir. Frente a estos peligros no podemos ser buenos: en este teatro de operaciones no hay cuartel. No podemos, sobre todo, ni demandar solidaridad, ni recibirla. La solidaridad ajena nos coloca, una y otra vez, en el lugar de quien es otro, esencialmente distinto de ese que viene dulcemente a ofrecerla y que se lleva, a cambio de su ofrenda, la certeza tranquilizadora de su ajenidad solidaria. Supuestos merecedores de esa solidaridad, el merecimiento nos cristaliza en la posición de aquellos que, por una razón u otra, sufren la diferencia que encarnan, incapaces de convertirla en otra cosa que en ocasión para la solidaridad ajena. No hay espacio en esta solidaridad para un cuerpo intersex –cortado o no cortado– que desea y es deseado, que toca y es tocado, que lame y es lamido, que coge y que es cogido. En el día de la solidaridad para con nosotros, no hay modo de envidiarnos los cromosomas, de ansiarnos la entrepierna, de proponernos averiguar si el culo es o no es un agujero intersexuado. No hay porno, ni paja, ni un buen polvo, ni siquiera dos dedos cruzados pidiendo la suerte de cruzarse por ahí con un hermafrodita de cumpleaños.

Dado que el día internacional de solidaridad con los intersexuales coincide con la fecha del nacimiento de Herculine –intersexual de fama si es que existen–, yo propongo, en principio, dejar la solidaridad para otro día y festejar el cumpleaños como se debe: con una fiesta. Hay que celebrar que somos éstos y esto, y no otros y aquello, sin pena, sin vergüenza, con esa alegría festiva que el mundo todavía no nos conoce y para la que, según parece, está de todo, menos preparado. Es cuestión de animarse: tenemos un año entero para prepararla. En 2009, Herculine cumple 171 años, y nada mejor que un capicúa impar para un fiestón intersex con ganas.

Y a no preocuparse: para la solidaridad siempre habrá tiempo y lugar; cientos y cientos de globos para inflar y ni qué hablar de los platos, vasos, pisos y sábanas que lavar para cuando todos se vayan.

micabral@fibertel.com.ar
Mauro ï Cabral


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Perdices robadas en los jardines de California


Mientras el triunfo de Barack Obama se presenta como el fin de una era dominada por el racismo, en el estado de California, legendario paraíso de los derechos civiles, vence la Propuesta 8, que deja fuera de juego a los matrimonios entre personas del mismo sexo. Para los más pesimistas, es el comienzo de una guerra entre minorías; para otros, apenas un paso atrás en un camino sin retorno. ¿Cómo seguirá la historia? Críticas, autocríticas, chivos expiatorios y reclamos al flamante presidente que durante toda la campaña decidió mirar hacia otra parte.

Fue una cachetada que hizo despertar a la California soñadora, para colmo propinada al mismo tiempo que la mitad del país que votó a Barack Obama disfrutaba bailando en las calles al ritmo de la esperanza. A la comunidad gay de California –y también de estados como Florida, Arizona y Arkansas– le tocó aguar la fiesta. ¿Qué pasó? En la elección general, a los votantes del estado dorado se les presentó la Propuesta 8 (Proposition 8), una enmienda constitucional ofrecida en instancia plesbicitaria, que definía al matrimonio como “la unión de un hombre y una mujer” y de esta forma modificaba la Constitución del estado. El problema mayor, claro, es que el matrimonio entre personas del mismo sexo ya era legal en California a partir de una decisión de la Suprema Corte del Estado votada apenas seis meses atrás. De esta manera, es un derecho que fue quitado. Y de nada sirvió la gran visibilidad: Ellen DeGeneres en la tapa de la revista People con su esposa, la actriz australiana Portia De Rossi, el dinero donado por Brad Pitt y Steven Spielberg, mientras las colas de parejas en busca de un certificado legal para su unión se trasmitían en vivo por los canales de noticias. Algo salió muy mal, y la comunidad, todavía impactada, busca culpables: la iglesia mormona, la derecha religiosa en general, el voto de los afroamericanos y la propia militancia, que la incipiente autocrítica consideró elitista y escasa. O más bien confiada y cómoda. Convencida de que San Francisco y Los Angeles eran lo mismo que el resto de la California de Schwarzenegger.

Los números y los votos

La Propuesta 8 en California pasó por un margen bastante amplio: 52,2 por ciento del electorado eligió prohibir el matrimonio entre personas del mismo sexo. En números reales, la Propuesta ganó por 400.000 votos. Mucho peor fue el resultado de Florida, donde la ley requiere que las enmiendas constitucionales ganen por un 60 por ciento, y la que prohíbe el matrimonio lo hizo por un 62,1%. El texto es el mismo, “el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer” y fue esponsoreada por el grupo Florida4Marriage (Florida por el casamiento). Agrega: “Ninguna otra unión legal será tratada como un matrimonio, y un equivalente, de existir, no será válido o reconocido”. Lo que significa algo así como que si se consigue en el estado una unión civil cuyos alcances en términos de derechos sean idénticos a los del matrimonio será prohibida.

En California, los que se oponían a la Propuesta 8 (la comunidad gay y quienes los apoyaron) juntaron mucho más dinero que el bando opositor: 43, 6 millones de dólares vs. 29,8 millones de dólares. La mayor parte del dinero contra la Propuesta vino de compañías como Google o Apple Inc., y de celebridades: fue la campaña y la elección que recaudaron más plata en la historia de la democracia de los Estados Unidos, con la única excepción de lo recaudado por el presidente electo Barack Obama. Pero las donaciones de la derecha religiosa fueron más espectaculares en forma. El Times recoge un caso paradigmático: “La modesta pareja mormona formada por Rick y Pat Patterson, padres de cinco hijos, sacaron 50 mil dólares de sus ahorros y se los dieron a la campaña pro Propuesta 8. Le dijeron al diario Sacramento Bee: ‘No fue una decisión fácil, pero fue clara, y lo hicimos para beneficiar a nuestros hijos y a nuestros nietos’”.

En Arkansas, la victoria conservadora fue impresionante: votaron una propuesta –no una enmienda constitucional, digamos que una legislación, por usar un paralelo– que les prohíbe a las parejas cohabitantes, pero no casadas, la adopción. La medida afecta también a las parejas heterosexuales, pero fue impulsada por la organización conservadora Family Council como un intento de “frenar la agenda gay”.

El dinero religioso


De los 29 millones recaudados por quienes apoyaban la Propuesta de prohibir el matrimonio gay, 22 llegaron de fuera del estado de California, especialmente del estado de Utah, la patria chica de los mormones. En realidad, no se sabe exactamente el origen personal de los fondos, porque no se consigna la religión de los donantes. Pero los mormones no han callado su oposición al matrimonio gay: al contrario.

La Iglesia, que tiene apenas 178 años –una iglesia recién nacida si se la compara con el resto de las religiones masivas– tiene una importancia enorme en el Oeste de Estados Unidos. En una crónica publicada en octubre por el diario High Country News, se explicaba: “La iglesia ha crecido rápidamente. Tiene más de 13 millones de miembros en todo el mundo, incluidos los cuatro millones en el Oeste. Ahora es tan poderosa como para forzar algunas de sus doctrinas en quienes viven allí y no son fieles. En Utah, por ejemplo, los que quieren tomarse un vaso de alcohol fuerte deben asociarse a un club privado, darles toda la información personal requerida, y pagar una cuota”.

Los mormones son los grandes acusados. Hasta Andrew Sullivan, el super periodista y blogger que escribe para el prestigioso The Atlantic, está enojado con los mormones: “El liderazgo de la Iglesia de los Santos de los Ultimos Días tiene todo el derecho a usar su dinero para promover la Propuesta 8, pero ahora las personas gays y sus familias tienen todo el derecho a señalar a la iglesia mormona como enemigos de los derechos civiles y de los gays. Esto se calificará como prejuicio. Pero los gays no están trabajando para quitarles derechos civiles a los mormones, mientras que los mormones lograron con éxito una campaña que les sacó derechos civiles a los gays”.

La iglesia mormona hizo una campaña de hormiga. Los voluntarios, siempre activos, fueron de casa en casa por toda California para hablarle a la gente de la Propuesta 8. Usaron varios elementos falsos, como que el matrimonio sería enseñado en las escuelas (agitando, una vez más, el fantasma del infame y falso vínculo entre homosexualidad y pedofilia). Chad Reiser, el líder del Club Republicano de la Universidad mormona de Brigham, en Idaho, dijo: “Tratamos de que sea una cuestión casi obligatoria juntar dinero. La Propuesta 8 es una cuestión moral, importante para todos. La Iglesia tiene un standard sencillo de moralidad sexual: las relaciones íntimas son sólo apropiadas entre un hombre y una mujer en matrimonio. Toda modificación de esta definición tradicional erosionará la ya débil estabilidad de los matrimonios y la familia en general”. Kim Clark, el presidente de la Universidad, es todavía más extremo: “Esto no tiene nada que ver con la separación de Iglesia y Estado. Ellos hablan de derechos civiles, pero lo que quieren es destruir la religión en nuestra sociedad. Habrá más batallas y más frecuentes, porque hay un cambio en el clima político y en los grupos de presión. No están dirigidos a una religión en particular: sencillamente quieren destruir a la religión”. Si esta es la opinión de los mormones mejor educados, debe ser escalofriante lo que les pasa por la cabeza a los fieles del común.

Por supuesto, los mormones no fueron los únicos religiosos donantes. La iglesia católica, congregaciones de judíos ortodoxos y grupos evangélicos también donaron millones, pero no son señalados de la misma manera. Quizá porque fueron más discretos.

El voto afroamericano, los demócratas y el presidente electo

Escribió Aaron Hicklin en The Guardian: “Seis meses después de que la Suprema Corte de California echara abajo la prohibición del matrimonio para personas del mismo sexo, desatando una ola de bodas gay, esto es como despertar para darse cuenta que seguimos siendo el chico problemático que los otros niños dejan de lado en el patio de la escuela. Los demócratas tienen una deuda con los gays: su apoyo es tibio, y sólo se cristaliza cuando abandonan el gobierno. Por eso fue tan seguro para Bill Clinton darle su apoyo a la campaña contra la Propuesta en las últimas semanas, a pesar de que había aconsejado a John Kerry en 2004 que apoyara las prohibiciones al matrimonio gay y el Acta de Defensa del Matrimonio, que él mismo transformó en ley en 1996”. Y eso explica por qué Obama ejecutó una danza tan incómoda con eso de estar “a favor de la igualdad” pero en contra del matrimonio gay. La semana pasada dijo en MTV que la Propuesta 8 era “innecesaria”, pero reiteró que estaba en contra de la igualdad matrimonial, una declaración que les cayó de regalo a los promotores de la Propuesta 8, que usaron sus palabras en panfletos y spots publicitarios.

¿Es cierto, entonces, que Obama no acepta el matrimonio gay y que la comunidad afroamericana votó a favor de la Propuesta 8? Sí, es cierto. En California, según los números de CNN, la diferencia fue de 69 (a favor de la prohibición) a 31 (en contra). Y si bien Obama fue cuidadoso con el tema, no lo ocultó: en un artículo aparecido en The New York Times el 1º de noviembre de este año, apareció esta explicación: “Como cristiano –Obama es miembro de la United Church of Christ–, cree que el matrimonio es una unión sagrada, una bendición de Dios, y que debe estar destinada al hombre y la mujer. Sus asesores dicen que aunque no está de acuerdo con las leyes que lo prohíban, y que está abierto a la posibilidad de que sus puntos de vista estén ‘distorsionados’, no apoya estas uniones y no tiene la inclinación de luchar por ellas”. Uno de sus asesores en asuntos gays de campaña, el también gay Michael Bauer, agregó: “Barack es un intelectual, y sé que ha estado pensando acerca de su posición, acerca de lo que es justo para la gente. Pero no está de nuestro lado en esta cuestión”. Esto provocó que algunos comentaristas, como Hicklin, escribieran, enojados: “No hace falta decir que no veríamos ganar la elección a un norteamericano negro si las batallas por los derechos civiles en los años sesenta se hubieran planteado como plesbicito”.

La “acusación” a la comunidad afroamericana es, claro, peligrosa. Un hombre gay y afromericano que participó de las marchas en Los Angeles el día después de la Propuesta le contó a The Canadian Press que era “como estar en una marcha del Klan, sólo que los hombres del Klan usaban polos Abercrombie”. La profesora de ciencia política especializada en cuestiones de raza en la Universidad de Virginia Toni Michelle-Travis explicó: “El éxito de la Propuesta 8 es ciertamente más sobre religión que sobre otra cosa, pero no se puede negar que en la comunidad afroamericana la homosexualidad no tiene la misma aceptación que en otras comunidades. Si se piensa en su lucha durante la esclavitud, la única forma que tenían de sobrevivir, de tener futuro y preservar su cultura era tener hijos. Así que el valor de la familia y la heterosexualidad siempre ha sido muy importante, reforzado por las iglesias de la comunidad a través de las generaciones. El movimiento por los derechos civiles fue liderado por las iglesias de la comunidad –hay que recordar a los reverendos Martin Luther King y Jesse Jackson– así que la iglesia y la religión son una parte muy central de la comunidad. Además, los afroamericanos no ven la lucha por los derechos de los gays en los mismos términos que la suya. Piensan ‘los blancos no me dejaban votar ni trabajar: ustedes pueden hacer las dos cosas’”.

La autocrítica y el cuestionamiento

Hay gays y lesbianas más radicales, que apoyan a quienes desean el matrimonio dentro de su comunidad, pero desaprueban la idea en un sentido filosófico. ¿Por qué este deseo de normalizarse, de querer ser parte de una institución cuestionable y cuestionada, conservadora, en muchos casos productora de infelicidad e hipocresía? ¿Por qué no tener una unión propia, con otro nombre, sin tanta carga simbólica? Ese cuestionamiento existe en muchos países, pero en Estados Unidos es bastante marginal, como todo pensamiento de izquierda. Pero hay ejemplos más leves. El editor de arte y entretenimiento de The Advocate, Corey Scholibo, era uno de los que no tenían interés en el matrimonio, aunque, claro, no pertenece a un grupo radical (más bien pertenece a los apáticos). Lo explicó así en su última columna para la publicación: “Nunca quise casarme, y cuando la lucha por el matrimonio se volvió el foco del movimiento LGTB, no me convenció. Aunque creía que quien quisiera casarse debía tener el derecho a hacerlo, no creía que fuera allí donde debíamos poner nuestro esfuerzo. Rechazaba el argumento de que las personas gays eran iguales a las demás; de hecho, celebraba las cosas que nos hacían diferentes, que nos permitían cuestionar la monogamia, el matrimonio, el ideal de familia”. Sin embargo, Scholibo tuvo su epifanía en estos días, después de que pasó la Propuesta 8, después de que un derecho le fue arrancado a la comunidad: “En septiembre, empecé a juntar donaciones en contra de la Propuesta, y conseguí que todos mis amigos hicieran acciones de visibilidad. Pero lo hice de una manera antiséptica, distante. No estaba luchando. Quería que me dieran este derecho como me dieron tantas otras cosas, cosas que mi generación da por hechas. Pero anoche, frente a la iglesia mormona, me sentí una víctima por primera vez. Gritar que quería los mismos derechos y hacerlo sin sarcasmo, sinceramente, me despertó. Fui joven y gay y estaba enojado por primera vez en mi vida”.

Andrew Sullivan, mientras tanto, publicó la carta de uno de sus lectores que cuestionaba cómo se había manejado el movimiento gay. Decía el lector, un activista: “Trabajé tanto por la campaña de Obama como por la campaña contra la Propuesta 8 y no puedo dejar de marcar lo diferentes que eran, en estilo y en sustancia. La de la Propuesta era ‘desde arriba’, la de Obama, bien de base. En la Propuesta, era alucinante el grado de ‘guión’: no digan ‘derechos civiles’, ‘no digan gay’, eran las ‘órdenes’. Yo no podía creerlo. Lo brillante de la campaña de Obama era que pedía que contáramos nuestra historia, ensuciarse, ser personal. Con la Propuesta 8, los líderes de la comunidad no permitieron que los activistas nos sacáramos los guantes. Encima, nos pidieron que nos alejáramos de las escuelas y las iglesias. Esa mentalidad compra por completo la campaña de lavado de cerebro de la derecha religiosa, la idea de que el matrimonio entre personas del mismo sexo va a corromper la moral y a los chicos. ¿Qué mierda le pasó a nuestro liderazgo?”. En el mismo sentido se pronunciaba la activista Pam Spaulding, con respecto a la militancia dentro de la comunidad afroamericana: “No nos acercamos a ellos, y menos aún a los gays negros. Hace años que hablo de incluir el tema de raza en los asuntos LGBT. Espero que con esto se despierten de una buena vez nuestros ‘gays profesionales’, y que salgan de su comodidad satisfecha y nos ayuden a construir este puente. Mientras los negros LGBT sigan siendo invisibles en sus comunidades y exista una negación del color en el liderazgo público de la comunidad, la comunidad afroamericana socialmente conservadora puede seguir negando que yo existo como lesbiana negra”.

El día después

El martes pasado, más de mil activistas gays se juntaron frente al templo mormón de Westwood, al grito de “¡Queremos igualdad y la queremos ahora!”. La marcha continuó hacia Sunset Strip donde cortaron la calle: hay que recordar que en Argentina cortar la circulación del tránsito es una forma común de protesta, pero en Estados Unidos la “ruta” es sagrada. Ese único dato, el del corte, habla del grado de enojo, al menos, porque el riesgo de ser detenido es alto (de nuevo: en Estados Unidos las protestas son reprimidas de formas que aquí consideraríamos propias de una dictadura). Según The Advocate, un veterano dijo: “Esto es un nuevo Stonewall”. Los líderes de la comunidad en California van a acudir a la corte, reclamando que la Propuesta 8 es ilegal porque quita derechos constitucionales fundamentales, pero muchos creen que el éxito de esta demanda puede ser nulo. Y Sullivan, que apoya el matrimonio gay desde hace dos décadas y escribió libros sobre el tema, también trató de encontrar mística: “Hay que tranquilizarse. Hay que recordar que nunca antes tuvimos este nivel de apoyo a la igualdad matrimonial. 18.000 parejas están legalmente casadas en California. Pronto, muchas se podrán casar en Connecticut, y en Massachusetts lo hacen sin problema. Estamos ganando. Esta la perdimos, pero por muy poco margen. Ver cómo una mayoría religiosa le quita derechos a una minoría es un hecho educativo. Ya cambió nuestra forma de pensar”.

Mientras tanto, la ciudad de Silverton, Oregon, vivió otro día histórico: ganó las elecciones como intendente Stu Rasmussen, de 60 años, transexual. No fue el único: en todo el país, 77 candidatos abiertamente gays ganaron su banca en diferentes puestos públicos. Según Check Wolfe, presidente de la organización Gay Lésbica Victory Fund: “Nuestro gobierno se volvió más representativo, y nuestra democracia es más fuerte”.

Y, sin embargo, la herida de California sigue abierta. Porque era una batalla que se daba por ganada.

¡Sigan participando!

El gobernador Arnold Schwarzenegger, mientras tanto, tiene una posición cambiante. Esta semana dijo que el triunfo de la Propuesta 8 “es desafortunado, pero no es el final”, y en una entrevista con CNN agregó: “Creo que una vez más podremos desarmar la prohibición si la Corte quiere, y movernos desde ahí”. Además aseguró que no se les quitará el derecho a las personas que ya están casadas por la ley anulada.

Su posición no fue siempre auspiciosa. Personalmente se pronunció de acuerdo con el matrimonio como unión entre hombre y mujer. Vetó dos veces leyes –escritas por la Cámara Legislativa del Estado– que legalizaban los matrimonios gays, diciendo: “No podemos tener un sistema en el que la gente vote y después la Legislatura ignore ese voto”. Se refería a la Propuesta 22 del 2000. Pero el gobernador se opone a la modificación de la Constitución, y afirma que lo correcto es aceptar las determinaciones de la Suprema Corte. No se opuso, entonces, a la legalización, y el 21 de mayo, cuando la Corte se pronunció, dijo: “Les deseo suerte en sus matrimonios a todos, y espero que la economía de California tenga una explosión gracias a la gente que venga al estado para casarse”. Esta semana les dio un mensaje “de fisicoculturista” a los gays y lesbianas californianos: “Cuando levantaba pesas, aprendí que no hay que rendirse nunca. Tienen que insistir hasta conseguirlo”.

Sus palabras llegan después de cinco días de protestas, que ya llevan a enfrentamientos abiertos –no violentos– con las iglesias evangélicas, católicas y mormonas en todo el estado.

La geografía de la tolerancia

El matrimonio entre parejas del mismo sexo tiene reconocimiento legal total en apenas seis países: Bélgica, Canadá, Holanda, Noruega, Sudáfrica y España. Se reconoce en dos estados de EE.UU., Massachusetts y Connecticut. La unión civil tiene una cobertura mucho mayor, con legalización total en Andorra, Bélgica, República Checa, Dinamarca, Ecuador, Finlandia, Francia, Alemania, Hungría, Islandia, Luxemburgo, Holanda, Nueva Zelanda, Eslovenia, Suecia, Suiza, Reino Unido y Uruguay, y parcial (sólo en algunos estados o provincias) en Argentina, Australia, Brasil, Canadá, México y Estados Unidos.

Un poco de historia

Según la ley de California, el matrimonio es “entre un hombre y una mujer”. En 2000, sin embargo, se votó otra propuesta similar a la 8: era la Propuesta 22, que extendía la exclusión agregando a la ley civil: “sólo los casamientos entre un hombre y una mujer son válidos o reconocidos en el estado de California”. Así, una pareja del mismo sexo casada en Massachusetts o en Bélgica, por ejemplo, no tendría su matrimonio legalmente reconocido en California. Esa campaña, ampliamente ganada (61,4 por ciento a 38,6) también fue apoyada por la derecha religiosa y, en particular, por la iglesia mormona. Hubo ocho años de lucha, de llevar denuncias a tribunales por considerar esta ley discriminatoria. En mayo de 2008, la Suprema Corte, por un margen muy pequeño (4 a 3), dictó que la prohibición violaba los derechos de gays y lesbianas. La corte tomó como comparación la prohibición de los matrimonios interraciales que existía en muchos estados sólo cincuenta años atrás. La única manera de cambiar un fallo de la Suprema Corte en California es mediante una enmienda constitucional. Para lograrla, el estado requiere 694.354 firmas peticionantes, el 8 por ciento del total de votantes a gobernador en la elección general de noviembre de 2006. Los promotores de la Propuesta 8 consiguieron 1.120.801 firmas, entraron en la elección y ganaron. Por lo tanto, ahora y hasta nuevo aviso, la definición del matrimonio como la “unión entre un hombre y una mujer” estará en la Constitución del estado.


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jueves, 13 de noviembre de 2008

Ser o no ser


La pasajera, un documental chileno que nunca termina de filmarse por las sucesivas –y a veces encubiertas– prohibiciones y la falta de apoyo financiero, pone en escena la discusión sobre si Gabriela Mistral era lesbiana o no, en un país, Chile, donde su figura es la de una heroína impoluta y asexuada, digna de adornar los billetes de cinco pesos. El debate, que para los más conservadores es sólo una manera de enlodar a la Premio Nobel, sirve para preguntarse por qué para las mujeres la única sospecha que podría confirmarse es la de ser heterosexuales.

Cuando a mediados de 2003 salieron a la luz un puñado de cartas y manuscritos, de entre los muchos papeles que el chileno José Donoso había dejado tras su muerte como legado a la Universidad de Iowa, en los que hablaba del conflicto que para él significaba sentirse atraído sexualmente por hombres (¡si hasta hay cartas en las que le hacía referencia a su futura mujer de su temida bufarronería!), la campaña por sacar del armario a Gabriela Mistral ya estaba en funcionamiento. Algo que hasta ahora no ha sido nada fácil en un país reconocidamente pacato como Chile, toda vez que la Mistral es, además de una gloria de sus letras y la primera escritora latinoamericana en ganar un Premio Nobel, un verdadero prócer cuyo rostro adorna los billetes de 5 mil pesos y su nombre bautiza calles, plazas, universidades, escuelas. Por eso la pregunta sobre si Gabriela Mistral era o no lesbiana marca una de las controversias más escandalosas de la que se tenga memoria en la cultura chilena. Con el agravante no menor de que, a diferencia de Donoso, de quien no es difícil suponer que si incluyó esos papeles comprometedores era porque no le importaba que después de muerto se conocieran, en el caso de Mistral no hay pruebas concluyentes sobre su sexualidad, sino sólo chismes, suposiciones, ocultamientos, intrigas.

Un nuevo avatar de la escabrosa polémica tuvo lugar este año, cuando fue subido a Youtube el avance de una película que gira en torno de la relación amorosa que Mistral habría tenido con su secretaria estadounidense Doris Dana (quien la secundó varios años hasta su muerte, en 1957, y fue declarada por la poeta su heredera y albacea), y en el que se incluye una escena en la que ambas aparecen besándose. Protagonizada por la actriz Claudia Celedón (cuyo parecido físico con Gabriela Mistral es notable), y dirigido por el artista Francisco Casas, quien en los ’80 formó junto a Pedro Lemebel el colectivo "Las Yeguas del Apocalipsis", La pasajera es un film que todavía no se rodó en su totalidad, aunque el proyecto existe hace más de ocho años. "Este work in progress fue duramente censurado, años atrás, por el Estado chileno y también por la prensa chilena", reza en su comienzo el trailer de la película, que dura nueve minutos y puede verse en la Web. Una denuncia que no sólo desnuda los problemas que el proyecto tuvo desde sus inicios (no sólo no pudieron obtener financiamiento en Chile sino que el gobierno mexicano, que se había comprometido a financiar la película, luego decidió no hacerlo) sino también los enormes resquemores que existen a la hora de indagar en la sexualidad de la poeta.

Uno de los gestos más audaces, en este sentido, es sin duda el libro titulado A Queer Mother for the Nation: The State and Gabriela Mistral (título sin traducción al español), escrito por la norteamericana Licia Fiol-Matta, profesora de Cultura Española y Latinoamericana en la universidad de Barnard, y sobre cuyas ideas Casas se valió para escribir el guión de su película. Allí, Fiol-Matta considera que "Mistral era una lesbiana de clóset" y conjetura que su largo exilio (en 1922 ella emprende un viaje a México, convocada por el gobierno para colaborar en un proyecto de reforma educativa, y desde entonces no vuelve a residir en Chile) "es bastante posible que sea, en parte, un exilio sexual". "En mi libro no trato de probar que Mistral sea lesbiana, aunque su vida tiene muchas señales de lesbianismo", declaró Fiol-Matta, para quien, si bien no se han conocido hasta ahora evidencias concretas, es bastante probable que se hayan ocultado o destruido cartas que oficiaran de prueba de la homosexualidad de la poeta.

Muchas han sido las voces que se han levantado en este tiempo para defender a Gabriela Mistral de los intentos por "lesbianizarla". Sin contar la catarata de críticas que el libro de Fiol-Matta suscitó en el periodismo chileno (el diario El Mercurio consideró una "lástima enorme" que se pretendiera convertir a la poeta en "estandarte para los derechos de los homosexuales, mermándole su importancia de escritora con una causa que ella jamás amadrinara"), un crítico de la talla del recientemente fallecido Volodia Teitelboim, autor de una de sus biografías más importantes, expresó su rechazo a la idea de que una película ventile el supuesto romance que la poeta habría tenido con su última secretaria arguyendo que "enloda la memoria de una gran mujer chilena y latinoamericana". No en vano Teitelboim ni siquiera menciona en su biografía, titulada Gabriela Mistral, pública y secreta, las especulaciones que al respecto existían cuando publicó su libro en 1996, más allá de que sí se mete con otros aspectos de su leyenda negra, como el abuso sexual que Mistral habría padecido a los siete años y el horror al sexo que se dice que sufría.

La selección de su diario íntimo que Jaime Quezada publicó con el título de Bendita mi lengua sea ha sacado a la luz una llamativa anotación (que deja ver que los rumores ya corrían en vida de Gabriela) que a más de uno le ha servido para desacreditar sospechas. "Y hasta me han colgado ese tonto lesbianismo, que me hiere de un cautiverio que no sé decir. ¿Han visto tamaña falsedad?", escribía Mistral con tono de enojo. Frase que constituye, según Quezada, la única ocasión en que la poeta realiza una reflexión o una queja sobre el tema del lesbianismo en su diario, y en la que quienes adscriben a la teoría de la mascarada no ven otra cosa que el fastidio que seguramente le producía que se murmurara a sus espaldas algo que ella se cuidó de mantener en secreto.

Acaso a esa frase bien podría confrontársele esta otra, de una carta de Gabriela a Doris Dana fechada en diciembre de 1948: "Cuando tú vuelvas, si es que vuelves, no te vayas enseguida. Yo quiero acabarme contigo y quiero morirme en tus brazos". Palabras en las que Mistral formula un deseo que finalmente cumplirá en su lecho de muerte, y que destilan algo de la pasión que las actrices del film La pasajera imprimen, hasta donde se puede ver, a sus personajes. "Ya era hora de romper con la imagen de profesora rural de Gabriela. Ella era gozadora, le gustaba el trago y fumaba muy masculinamente. Su lesbianismo era demasiado evidente. Ella y Doris grababan en cintas sus conversaciones y toda su intimidad. Obviamente, ella quería que todo su país supiera que era lesbiana", dijo Claudia Celedón en una entrevista. Una manera un tanto extrema de interpretar el asunto, ya que es bastante cuestionable que Mistral, pudorosa como era, haya querido exponer por motu proprio su sexualidad, siquiera póstumamente.

Pero algo raro hay, de eso no hay duda. Por más que quienes pretenden mantener a la Mistral en el pedestal de maestra de todos los niños de América, de madre asexuada y mujer religiosa (una imagen que ella misma se encargó de forjar a lo largo de su vida), no quieran saber nada con la posibilidad de que se sepa cuán lesbiana fue o dejó de ser, o pudo haberlo sido. Más allá de lo necesario que es hacer honor a la verdad y dejar de lado cualquier planteo homofóbico que pueda infiltrarse en el asunto, también hay que decir que las lecturas en clave queer de su obra, sin contar lo inútiles que puedan llegar a ser, corren el riesgo de caer en el craso biografismo, buscando una corroboración literaria de una aspecto de su vida signado por la discreción y el decoro. "Toda obra es autobiográfica, pero no de la manera que ustedes creen", dijo alguna vez Gabriela Mistral. Y el resto, como sabemos, es literatura.

Patricio Lennard
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